Opinión
Queremos saber la verdad sobre Granadilla.
Hay dos maneras de discutir: una es gritarse, insultarse
de un bando al otro, lanzar afirmaciones sin demostrarlas.
La otra, la sensata, la civilizada, es, simplemente,
aportar toda la información de que se disponga,
para que la verdad prevalezca y dé la razón
al que la tenga. Parece mentira que se discutan interminablemente
temas sobre los que no caben apreciaciones discrecionales,
sino solamente datos objetivos, demostrables.
Esta
increíble realidad nos atormenta hoy en Tenerife.
Estamos enzarzados en una pelea dialéctica sobre
el modelo de desarrollo que queremos y que conviene
a nuestra isla. Una pelea establecida, básicamente,
sobre tres ejes: Granadilla, Anillo Insular y segunda
pista del aeropuerto sur.
La cuestión
es bien sencilla. Todo el mundo dice que quiere que
la isla y sus habitantes progresen y tengan las mejores
oportunidades de bienestar y felicidad. Pero todos coinciden
también en que este progreso no puede hipotecar
a las generaciones futuras. Progreso sí, pero
preservando el medio ambiente. Es decir, desarrollo
sostenible.
Por
eso no se entiende que la discusión se prolongue
meses y meses y que un bando diga del otro que son unos
especuladores egoístas e insensibles, mientras
los oponentes tildan a los primeros de locos visionarios,
enemigos del progreso tinerfeño y hasta de cómplices
de la voracidad de la otra isla. Unos reclaman al gobierno
que construya de una vez un gran puerto en Granadilla.
Los otros amenazan con la resistencia civil si esto
se produce. De esta manera, enarbolando espantajos,
amenazas e improperios gratuitos, sin pruebas de lo
que se dice, no se llega a ninguna parte. Un gran puerto
en Granadilla es necesario o no lo es. Agrede al medio
ambiente o no lo agrede. Es comercializable o no. Estas
cuestiones y sus detalles deben ser demostradas con
datos, no con palabras.
Y los
tinerfeños, la mayoría silenciosa, asistimos
a esta contienda sobre un asunto que nos afecta directamente,
sin poder saber a que carta quedarnos. Porque, vamos
a ver:
¿Es
cierto que el puerto de Granadilla va a crear 20.000
puestos de trabajo? ¿Quién ocuparía
estos empleos? ¿Dónde va a vivir esta
gente? ¿Dónde y por quién se instalaría
el tejido de servicios que exige un puerto de estas
características? ¿Cómo afectaría
un puerto industrial al turismo del sur, que mantiene
hoy a toda Tenerife?
¿El
tráfico de transbordo depende de Granadilla?
¿Es cierto que los grandes barcos que se supone
justifican un gran puerto no navegan en las rutas que
tocan Canarias? ¿Es verdad que el régimen
de vientos de la zona de Granadilla entorpecería
y encarecería las operaciones portuarias? Si
el puerto de Santa Cruz se basta para el tráfico
actual y el que se espera, ¿Por qué ha
tenido que hacerse una presión social tremenda
para que se potencie? ¿Por qué no se ha
iniciado ya? ¿Existe o no existe financiación
europea para esta obra de Granadilla?
Se ha
llegado a decir que el gobierno no acomete la construcción
del gran puerto en Granadilla, por temor a perder votos.
Esto no se puede aceptar. El pueblo tinerfeño
exige que el gobierno tome las medidas pensando en el
interés general, no en el caudal de votos que
pueda perder o ganar en la operación.
Las
autoridades competentes, el gobierno canario, el cabildo,
la autoridad portuaria, tienen que dar respuesta inmediata
a estas cuestiones, de una manera clara y con las pruebas
correspondientes. Los tinerfeños no podemos seguir
escuchando argumentos en los medios de comunicación,
sin demostración alguna de lo que se dice.
Y la
primera medida sería que la consejería
de medio ambiente comparezca ante la opinión
pública, refutando de una manera indiscutible
las graves acusaciones de las organizaciones ecologistas
y los propios sindicatos de funcionarios que dicen que
la consejería oculta estudios de mercado e informes
técnicos contrarios al puerto de Granadilla.
Los tinerfeños necesitan confiar en sus gobernantes
y no pueden seguir en la duda. Las acusaciones tienen
que ser desmentidas inmediatamente. Pero no con unas
meras declaraciones. Aunque la carga de la prueba corresponde
al que acusa, los cargos públicos a quienes se
señala como ocultadores de información
importante, tienen que limpiar su imagen. Como el pueblo
tinerfeño cree que los acusados pueden hacerlo,
no entiende que no lo hagan.
Juan Martín
Vegas
|