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cc en granadilla rechaza la construcción del macropuerto

CARMEN NIEVES GASPAR RIVERO

PORTAVOZ DE COALICIÓN CANARIA EN EL AYUNTAMIENTO DE GRANADILLA

    Estamos viviendo años decisivos para definir lo que será el futuro de la isla de Tenerife. Las decisiones que se deben tomar en éstos próximos años configurarán la fisonomía de Granadilla, del Sur de Tenerife y por ende de la isla entera. Lo que parece dudoso es que las personas que deben adoptarlas lo hagan con la reflexión suficiente, sopesando sus consecuencias y, sobre todo, desde la defensa prioritaria de los intereses generales

   Seguramente desde mi inexperiencia política, desde la amplitud de miras que me da el llevar poco tiempo en un mundo donde, al parecer casi todo vale, me haga plasmar por escrito estos pensamientos. Desde mi ingenuidad e incredulidad más absoluta, quizás más como ciudadana que como política, me hago preguntas sobre lo que está pasando en nuestro sur y con nuestra gente.

   Son justo los políticos de todas las esferas y con responsabilidades de gobierno, quienes deben tomar esas decisiones a las que me refería, y que marcarán lo que será el devenir económico y social de nuestra Isla. Pero resulta que, sin distinción de siglas partidistas o partidarias, si es que las tienen, para justificar sus decisiones, o lo que es peor, para tomarlas, se alían en una comunidad de intereses con empresarios que, en defensa de sus legítimos intereses personales y patrimoniales, asumen riesgos y apuestan no por el bien común, sino por su patrimonio personal. Reunirse junto a los poderosos empresarios de la construcción, exhibir ese poder económico, ese apoyo, ese pensamiento único, no les otorga más razón, ni menos. Otra cosa es la legitimidad de que quieren hacer gala. Esa legitimidad, no debemos olvidarnos, la dan y la quitan las urnas, pero, no debemos olvidar que también la voz ciudadana de las aplastantes manifestaciones cuenta.

   A famosas frases hechas como “movida madrileña”, “moda ibicenca” o “España va bien” nuestro Alcalde, el Sr. González Cejas y su cohorte de mercenarios ideológicos, han añadido la de “Granadilla está de moda”, intentando aprovechar el tirón del pelotazo para vendernos como un municipio que es modélico en crecimiento sostenible y expansión controlada.

   Sin duda otra falsedad, mentira y tergiversación de una realidad que es bien distinta: miles de inmigrantes que se hacinan en pisos alquilados que comparten hasta 15 personas; marginalidad de quienes vinieron a este lugar de la Isla porque creyeron esa misma mentira, o porque en todo caso, están aún peor en su lugar de procedencia; la realidad de la inseguridad de que padecen nuestros vecinos de, por ejemplo, San Isidro que no pueden frecuentar determinados espacios públicos desde que anochece; la realidad donde es patente la desmembración social absoluta y la pérdida de unas mínimas señas de identidad; y la realidad de los arribistas económicos, que hoy están aquí, en Granadilla, porque somos flor de ganancias fáciles, pero que ni aman a esta tierra ni les preocupa lo más mínimo lo que pase más allá de sus suculentas cuentas bancarias.

   Decía también el Sr. alcalde no hace mucho que “Granadilla es una oportunidad”. Y yo me pregunto: ¿Para quiénes? ¿Para la mayoría de nuestros vecinos? ¿Para quienes han vivido aquí o se han asentado buscando un lugar para vivir?. Granadilla es, como dicen algunos, la cueva de Alí Baba, ese lugar seguro (ya se encargan algunos mandatarios de que lo sea, por la cuenta que le trae), al que vienen inversores que mantienen tan ocupado a nuestro alcalde, que no le permiten recibir a un vecino antes de tres meses después de haber pedido cita. Granadilla es también la parte trasera de Isla, esa que se ha convertido en la que debe ser solidaria, soportar infraestructuras, en unos casos para toda la Isla, en otros, para calmar la avaricia de algunos.

   Los empresarios, en la legítima defensa de sus intereses, intentan ganar dinero cuanto más rápido y en mayor cantidad mejor; esa es la base de la economía de mercado en la que vivimos, y así debe ser. Pero la teoría de la plusvalía, del beneficio, y hasta la del máximo beneficio debe tener, al menos, un límite. El beneficio de todos debe, siempre y en todo caso, estar por encima del de unos pocos.

   No todo vale, no todo esta bien, y eso no debemos olvidarlo. Los conformismos del tipo “¡acabarán haciendo lo que quieran, como siempre!” o ¡los políticos son iguales, sólo van a chupar del bote! sólo sirven para hacer más fuertes a los que buscan su propio bienestar y beneficio. Se ha demostrado que el pueblo unido tiene fuerza suficiente para cambiar la situación.

   En nuestra realidad es más apremiante la necesidad de infraestructuras educativas (hacen falta más colegios y más institutos, no en el área metropolitana donde están siendo infrautilizados, sino en el sur donde cada año aumenta la población estudiantil y por tanto, el número de alumnos por aula, incumpliendo así lo establecido por la propia Consejería de Educación); de infraestructuras sanitarias (más centros de salud y el tantas veces prometido Hospital del Sur); es imprescindible modernizar la oferta alojativa actualmente existente (no se trata de construir más edificios destruyendo aún más nuestro entorno, sino de mejorar la calidad de lo que ya está construido), y mejorar nuestra oferta de ocio cultural y natural (ya no podemos ofrecer sólo sol y playa porque son muchos los destinos turísticos que compiten directamente con nosotros en los mismo campos).

   Más allá de toda duda razonable, los grandes empresarios de la construcción que tanto abogan por macroproyectos como el puerto de Granadilla o la segunda pista del Aeropuerto Reina Sofía (de donde se sacará el relleno para el puerto) lo hacen defendiendo sus propios y legítimos intereses. Lo que resulta más sorprendente es la presión que éstos ejercen sobre los políticos que, parecen olvidar qué es lo que la sociedad lleva demandando demasiado tiempo sin que se obtenga la solución definitiva (hospitales, colegios, un entorno agradable que se desee visitar, la defensa del territorio, que no debemos olvidar que es muy limitado por tratarse de una isla). Y es que a nadie se le debe escapar que es mucho más rentable para esos mismo empresarios invertir en macroproyectos que en hospitales, centros de salud, colegios, parques, jardines....

   Que no nos engañen con la diversificación de la economía. La mayor repercusión económica de estos macroproyectos es precisamente su construcción. Una vez que ésta concluya, para su mantenimiento y gestión no es necesario tanto personal como podría parecer a primera vista, y más cuando se habla de un puerto robotizado. En todo caso, lo que se conseguiría es movilizar la mano de obra del puerto de Santa Cruz hacia la zona de Granadilla ( de ahí la “necesidad” de un tren para trasladar a la población que diariamente se desplace a su lugar de trabajo en el sur) y que la actividad aeropuertuaria aumente hasta suponer un 5% del total de la riqueza de la isla. Para ello, debemos convencer a las grandes navieras de la operatividad de nuestro puerto y de que cambien -o dupliquen- su base de operaciones desde Gran Canaria a Tenerife, algo que no resulta fácil debido a la gran inversión que ello supondría para las mismas.

   Y es más, debemos convencer a los grandes turoperadores de que Tenerife seguirá siendo un lugar al que merezca la penar venir durante las vacaciones, sin importar que a 30 Km. de la principal fuente económica (hoy por hoy y en el futuro, a tenor de los datos) el paisaje sea eminentemente industrial, por no hablar de los riesgos que el transporte de mercancías por mar supone para la limpieza de nuestras playas y costas. ¿O es que acaso queremos que los turistas no puedan salir de los complejos hoteleros salvo para ir al aeropuerto tal como ocurre en destinos como Santo Domingo, donde fuera de las zonas turísticas todo es desalentador?

   El movimiento social se ha demostrado como la única fuerza frente al chantaje de los empresarios y los políticos que quieren imponer su forma de vida. Esta tierra es nuestra, de todos nosotros, y no sólo de unos pocos que lo único que quieren hacer es “exprimir” esta tierra para invertir en otros lugares en los que, en un futuro no muy lejano, harán lo mismo que pretenden hacer con Tenerife: esquilmar sus riquezas y a “otra cosa”. Éste es el tiempo del colonialismo de los empresarios. Como gente de bien a la que le duele su tierra, tenemos que plantearnos si estamos dispuestos a permitirlo y en caso de que sea NO, que sea un no rotundo y con todas las consecuencias. En el caso de que sea SÍ, vayamos buscando una cueva que sea nuestro refugio tal como lo fue para nuestros antepasados y que las Degolladas, Barrancos y Pueblos que otrora fueron escenario de crueles batallas por el territorio, sean dignos ejemplos de lo que en el pasado fue un pueblo que nunca bajó la cabeza sin luchar.